El festival Danzas Sin Fronteras nos sedujo desde que llegamos. Resulta que la gente, acampada entre los robles del campamento, se pasa el día bailando y claro, está feliz. Los primeros en transmitir buena onda son los organizadores, el equipo de trabajo y todos los voluntarios. Gracias Javier, Delia y todos los demás, enhorabuena por lo que habéis generado estos 15 años en la sierra de Toledo y que vengan muchas más ediciones en el nuevo emplazamiento.
Por mi parte enseñé a bailar chacareras, escondidos y carnavalitos argentinos, y actué junto al violín sachero de Jaime Lapeña Del Río y las baquetas precisas de Fran Gazol. En principio ese era el concierto para escuchar, el momento del día en que el público descansa antes de las danzas de la madrugada. Pero ya habíamos inoculado el virus de la chacarera y pasó lo que pasó…
¡Hasta la próxima!